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Funciones de la homeostasis

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Funciones de la homeostasis

homeostasis fisiológica

En biología, la homeostasis es el estado de condiciones internas, físicas y químicas estables que mantienen los sistemas vivos[1]. Es la condición de funcionamiento óptimo para el organismo e incluye muchas variables, como la temperatura corporal y el equilibrio de fluidos, que se mantienen dentro de ciertos límites preestablecidos (rango homeostático). Otras variables son el pH del líquido extracelular, las concentraciones de iones de sodio, potasio y calcio, así como el nivel de azúcar en la sangre, y deben regularse a pesar de los cambios en el entorno, la dieta o el nivel de actividad. Cada una de estas variables está controlada por uno o varios reguladores o mecanismos homeostáticos, que en conjunto mantienen la vida.

La homeostasis se produce por una resistencia natural al cambio cuando ya se encuentra en condiciones óptimas,[2] y el equilibrio se mantiene gracias a muchos mecanismos reguladores. Todos los mecanismos de control homeostático tienen al menos tres componentes interdependientes para la variable que se regula: un receptor, un centro de control y un efector[3] El receptor es el componente sensor que vigila y responde a los cambios del entorno, ya sea externo o interno. Los receptores incluyen los termorreceptores y los mecanorreceptores. Los centros de control son el centro respiratorio y el sistema renina-angiotensina. Un efector es el objetivo sobre el que se actúa, para provocar el cambio al estado normal. A nivel celular, los receptores incluyen los receptores nucleares que provocan cambios en la expresión de los genes a través de la regulación hacia arriba o hacia abajo, y actúan en los mecanismos de retroalimentación negativa. Un ejemplo de ello es el control de los ácidos biliares en el hígado[4].

la homeostasis en el cuerpo

En biología, la homeostasis es el estado de condiciones internas, físicas y químicas estables que mantienen los sistemas vivos[1]. Es la condición de funcionamiento óptimo para el organismo e incluye muchas variables, como la temperatura corporal y el equilibrio de fluidos, que se mantienen dentro de ciertos límites preestablecidos (rango homeostático). Otras variables son el pH del líquido extracelular, las concentraciones de iones de sodio, potasio y calcio, así como el nivel de azúcar en la sangre, y deben regularse a pesar de los cambios en el entorno, la dieta o el nivel de actividad. Cada una de estas variables está controlada por uno o varios reguladores o mecanismos homeostáticos, que en conjunto mantienen la vida.

La homeostasis se produce por una resistencia natural al cambio cuando ya se encuentra en condiciones óptimas,[2] y el equilibrio se mantiene gracias a muchos mecanismos reguladores. Todos los mecanismos de control homeostático tienen al menos tres componentes interdependientes para la variable que se regula: un receptor, un centro de control y un efector[3] El receptor es el componente sensor que vigila y responde a los cambios del entorno, ya sea externo o interno. Los receptores incluyen los termorreceptores y los mecanorreceptores. Los centros de control son el centro respiratorio y el sistema renina-angiotensina. Un efector es el objetivo sobre el que se actúa, para provocar el cambio al estado normal. A nivel celular, los receptores incluyen los receptores nucleares que provocan cambios en la expresión de los genes a través de la regulación hacia arriba o hacia abajo, y actúan en los mecanismos de retroalimentación negativa. Un ejemplo de ello es el control de los ácidos biliares en el hígado[4].

importancia de la homeostasis

Las funciones del cuerpo son las funciones fisiológicas o psicológicas de los sistemas corporales. Las funciones del cuerpo son, en última instancia, las funciones de sus células. La supervivencia es la actividad más importante del cuerpo. La supervivencia depende de que el cuerpo mantenga o restablezca la homeostasis, un estado de relativa constancia, de su entorno interno.

La homeostasis depende de que el cuerpo realice incesantemente muchas actividades. Sus principales actividades o funciones son la respuesta a los cambios en el entorno del cuerpo, el intercambio de materiales entre el entorno y las células, el metabolismo de los alimentos y la integración de todas las actividades del cuerpo.

La capacidad del cuerpo para realizar muchas de sus funciones cambia gradualmente a lo largo de los años. En general, el cuerpo realiza sus funciones menos bien en ambos extremos de la vida: en la infancia y en la vejez. Durante la infancia, las funciones del cuerpo se vuelven gradualmente más eficientes y eficaces. Durante la madurez tardía y la vejez ocurre lo contrario. Cada vez son menos eficientes y eficaces. Durante la juventud, normalmente funcionan con la máxima eficiencia y eficacia.

mecanismos homeostáticos

En biología, la homeostasis es el estado de condiciones internas, físicas y químicas estables que mantienen los sistemas vivos[1]. Es la condición de funcionamiento óptimo para el organismo e incluye muchas variables, como la temperatura corporal y el equilibrio de fluidos, que se mantienen dentro de ciertos límites preestablecidos (rango homeostático). Otras variables son el pH del líquido extracelular, las concentraciones de iones de sodio, potasio y calcio, así como el nivel de azúcar en la sangre, y deben regularse a pesar de los cambios en el entorno, la dieta o el nivel de actividad. Cada una de estas variables está controlada por uno o varios reguladores o mecanismos homeostáticos, que en conjunto mantienen la vida.

La homeostasis se produce por una resistencia natural al cambio cuando ya se encuentra en condiciones óptimas,[2] y el equilibrio se mantiene gracias a muchos mecanismos reguladores. Todos los mecanismos de control homeostático tienen al menos tres componentes interdependientes para la variable que se regula: un receptor, un centro de control y un efector[3] El receptor es el componente sensor que vigila y responde a los cambios del entorno, ya sea externo o interno. Los receptores incluyen los termorreceptores y los mecanorreceptores. Los centros de control son el centro respiratorio y el sistema renina-angiotensina. Un efector es el objetivo sobre el que se actúa, para provocar el cambio al estado normal. A nivel celular, los receptores incluyen los receptores nucleares que provocan cambios en la expresión de los genes a través de la regulación hacia arriba o hacia abajo, y actúan en los mecanismos de retroalimentación negativa. Un ejemplo de ello es el control de los ácidos biliares en el hígado[4].